cultura empresarial japonesa

CULTURA EMPRESARIAL JAPONESA

Alcanzando la madurez de un proyecto

Pensemos en los pasos a realizar para el nacimiento de una persona, lo mismo pasa para crear un negocio. Cuando tenemos en mente un proyecto y realmente nos enamoramos de nuestro ideal, hemos dado paso a la concepción de nuestro nuevo emprendimiento.

 

Podríamos llamarle embarazo cuando construimos nuestro lugar de trabajo; algún local, garaje o cualquier sitio donde estaremos moldeando y formándolo… que felicidad, pues hemos dado a luz a nuestro nuevo negocio.

 

A partir de ahí, ya tenemos un bebé que cuidar donde los primeros tres años, el único objetivo que debemos tener es de hacerlo crecer.

 

Tal vez vendrán dificultades donde podríamos llamarlo la adolescencia, pero esas enseñanzas son fundamentales para poder llegar a ser adultos. Perfecto, pues después de los 21 años, edad adulta en todo el mundo, es cuando las empresas japonesas comienzan a hacer reparto de sus utilidades a distintos socios.

Así y solo así, es como las empresas japonesas crecen a la par de nuestras vidas, y es que desde que nacen, no se retiran las utilidades y se reinvierten con cada año que pasa.

 

Esta ideología ha logrado que el país Nipón sea una potencia mundial, tanto en su cultura como en la forma en que trata a sus habitantes.

 

Los mexicanos no tenemos tal paciencia para alimentar y hacer crecer un negocio, todo lo queremos de la manera más rápida, haciendo el menor esfuerzo y esperando ganancias inmediatas.

 

El convencionalismo actual del negocio en nuestro país es en tener un “patrón” donde su presencia sea la única forma de estar seguro de lo que se hace, por lo cual debemos dar un giro completamente a esta ideología y estar consciente que cada persona que labore para nosotros este en sintonía con los demás y comparta la misma ideología con la que se ha empezado nuestro proyecto.

 

Educar a las empresas y a los nuevos emprendedores será el factor fundamental para alcanzar la madurez en nuestros nuevos proyectos, y que lo último que esperen de su esfuerzo sea el dinero, ya que al formar personas de calidad, las riquezas llegarán como lluvia a través de la educación que se les imparta.

 

Un líder debe contagiar su presencia con los demás, siendo congruente con las palabras que dice y ordena a otros. El buen empresario, gerente o director debe estar tranquilo con el personal que trabaja para él, tal vez ya haya pasado de moda en ser el primero en llegar y el último en irse, pero lo que realmente importa es que las personas se sientan tomadas en cuenta y que más que un sueldo económico, se tenga una ganancia en el crecimiento personal, teniendo a los empleados satisfechos, haciendo que se sientan útiles, necesarios, respetados y queridos dentro de una empresa.

 

No esta mal ver la ideología de países primermundistas, conocer la manera en que trabajan y realizan sus proyectos puede servir de inspiración para el inicio de nuevas ideas. Quizá aplicando esta ideología, podría ser el punto disruptivo para el cumplimento de nuevos éxitos, y que tal vez, dentro de algunos años, distintos países estén al pendiente de la cultura empresarial mexicana.

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